martes, 26 de julio de 2016
La leyenda de Morgana LeFay...✽ ☪
☪El Hada Morgana
Morgana LeFay es un personaje de la leyenda artúrica. Popularmente conocida como hechicera, curandera, hada benévola, bruja, diosa del mar, hija de Igraine…..y hermanastra, amante, salvadora y enemiga del rey Arturo.
Su nombre tiene su origen en Morcant, nombre celta masculino. Morgan, Morgaine, Morgue, Morgne, son variaciones femeninas del mismo. También se ha querido relacionar su nombre con Morrigan, deidad irlandesa, una de las caras de la Triple Diosa celta. Morrigan era la Anciana, la Muerte, que en forma de Gran Cuervo se llevaba las almas de los guerreros caídos en combate. En bretón, Morgan corresponde al nombre de una ninfa acuática. Y Modron es el nombre de la diosa galesa del mar. Todos estos nombres contienen la palabra Mor, que significa “mar” en las lenguas célticas.
☪La Bruja Morgana
La bruja Morgana, también conocida como el hada Morgana y hasta la bautizaron como Morgan Le Fay (Hada), ha sido desde siempre una de las hechiceras más famosas y poderosas de la literatura occidental; siendo para muchos la clara personificación del mal, el odio y la venganza, así como la belleza ardiente, el deseo, la tentación y, por encima de todo, la pasión. Mujer capaz de convertirse en cualquier animal, persuadir a los mortales mediante la telepatía, VER EL FUTURO e incluso alterarlo, fue la perdición de muchos hombres poderosos como el mítico Arturo Pendragón e incluso Merlín el bardo, el más poderoso de los hechiceros de su tiempo.
☪Morgana en el ciclo Artúrico
En el ciclo artúrico, el hada Morgana es un personaje femenino, a veces presentado por los cristianos como antagonista del Rey Arturo y enemiga de Ginebra. En la Vita Merlini (Vida de Merlín) del siglo XII, se dice que Morgana (“Morgen”) es la mayor de nueve hermanas que gobiernan Ávalon. Geoffrey de Monmouth habla de Morgana como sanadora y cambiante. Escritores más tardíos como Chrétien de Troyes, basándose en la interpretación de Monmouth, han descrito a Morgana vigilando a Merlín en Ávalon.
☪Familiares de Morgana
En la tradición de los ciclos Artúricos, Morgana era la hija de la madre de Arturo, Lady Igraine, y de su primer marido, Gorlois, duque de Cornualles. Arturo, hijo de Igraine y de Uther Pendragon, era, por tanto, su medio hermano. Como mujer celta, Morgana heredó parte de la “magia de la Tierra” de su madre. Morgana tenía dos hermanas mayores (y era por tanto la menor de tres, y no la mayor de nueve). El trío de hermanas (por ejemplo Morgause, Elaine y Morgana, así como otras) es una fórmula abundantemente usada en la mitología celta. Cuando Uther se casó con Igraine, sus hermanas mayores también se casaron.
A partir de entonces se deja de hablar de Morgana en la leyenda hasta después de la coronación de Arturo, pero hay dos versiones de dónde acabó la niña: Una dice que se fue a Avalón con Merlín a aprender magia, y otra que cuenta que Uther encerró a Morgana en un convento, en el que sufrió burlas y castigos debido a sus poderes. Allí se le comenzó a llamar Le Fay (el Hada) En La Mort d’Arthur (La muerte de Arturo) y otras fuentes, ella es la infeliz esposa del Rey Urien de Gore, y Owain mab Urien es su hijo, que la detiene cuando, presa de la ira, intenta matar a Urien.
☪Descendencia
En las interpretaciones cristianas más modernas de la mitología artúrica, Morgana seduce a Arturo y concibe con él al malvado “Mordred”, aunque originalmente en La Mort d’Arthur este papel es asignado a Morgause o Anna, una de sus hermanas. No obstante, en la novela de Marion Zimmer Bradley ” Las nieblas de Avalon” , Mordred o Gwydion, es engendrado en Morgana por Arturo bajo la apariencia de el Astado, el Dios, durante los ritos Celtas de Beltane en Ávalon Las versiones más antiguas cuentan como Morgana y Arturo se acostaron, concibiendo a Mordred. Merlín le anunció a Arturo que el niño nacería el primero de mayo, en Beltane, y que sería el fin del reinado de justicia que Arturo llevaba a cabo. El monarca mandó encerrar en un barco a todos los bebés nacidos en esa fecha y lanzó el barco al mar. Todos los niños murieron excepto su hijo, que acabó criándose con sus tíos Lot y Morgause en las islas Orkney. Arturo la hizo casar con el rey Uriens y tuvo un hijo, sir Owein. Pero Morgana y su esposo nunca se llevaron bien, y en una ocasión intentó matarlo.
☪Morgana y Merlín
Diversas fuentes describen a Morgana como discípula de Merlín, y más adelante como su rival; en este papel, el personaje aparece parcialmente superpuesto a “Viviana”, una de las figuras que corresponden al nombre de “Dama del Lago”. Mientras que Viviana (también llamada Nimue) seduce y embruja a Merlín con su belleza y su magia, Morgana aprende la magia de él y luego la usa para dañar a los caballeros de Arturo y a la reina Ginebra, como en “Sir Gawain y el caballero Verde”, donde a Morgana se la denomina hada y diosa y se dice que fue alumna y amante de Merlín para superarlo en magia y conocimientos. El mito de la rivalidad entre Morgana y Merlín se retoma en algunas obras cinematográficas, en particular en la película Excalibur de John Boorman (1981).
☪La traición de Morgana
En algunas leyendas, Morgana intenta conspirar contra Arturo robando Excálibur y dándosela a su amado sir Accolon para que lo asesine. Arturo mata a Accolon en un duelo y se retira a descansar a un convento cercano. Morgana, enfurecida, roba la vaina de Excálibur (que hace a Arturo invencible) y la arroja al mar. Después le manda una capa, aparentemente para reconciliarse pero el rey la rechaza. Por consejo de Nimue, la dama del lago y sucesora de Merlín, Arturo se la coloca a la criada de su hermana. La capa se pega a su cuerpo y comienza a arder como por arte de magia. El rey salva su vida y Morgana ESCAPA lejos de Camelot.
☪Morgana, Ginebra y Lancelot
Morgana y Ginebra siempre han sido presentadas como enemigas, ya que representan distintos aspectos: a nivel físico (Ginebra es rubia, Morgana de cabellos negros) o ideológico (Morgana era una mujer criada en Avalón, de modo que adoraba a los antiguos dioses y la cristiana Ginebra, su cuñada, la odiaba por ello.) Obras como La Vulgata cuentan que cuando Ginebra descubrió la relación del Hada Morgana con Guiomar (sobrino de Ginebra) lo expulsó de la corte para hacer daño a Morgana. Un día el amado de Ginebra, sir Lanzarote, llegó al castillo de Morgana, también llamdo Castillo de la Carreta. La bruja intentó seducirlo, pero no funcionó, de modo que lo encerró un año en su mazmorra. Pasado este tiempo, Lanzarote escapa, pero llega Arturo a hacerle una visita a su hermana. Morgana le enseña a su hermano un mural que Lanzarote había pintado, con escenas de amor con Ginebra y él mismo como protagonistas. Después de aquello el rey persiguió insaciablemente al caballero que había sido su mejor amigo, y Morgana acabó vengándose de su enemiga. Según otra leyenda más antigua, Morgana le hizo un regalo especial al rey Arturo: un cuerno del cual sólo las esposas fieles podían beber. Arturo se lo dio a su mujer, que no pudo beber del cuerno.
☪La Cara amble de la Bruja
Después de que Arturo salga a buscar a Lancelot, Mordred quiere casarse con Ginebra. Morgana le advierte de que no es buena idea, pero su hijo la traiciona, expulsándola del castillo. Arrepentida de todo, Morgana se lleva a Arturo, ya medio muerto a la isla de Avalon, junto con varias reinas-hada enlutadas, que en algunas versiones forman grupo de tres, en otras de cuatro, y en otras de nueve. Allí es donde Arturo dormirá por los siglos de los siglos. Esta última historia demuestra que el hada Morgana se comportó así con su hermano, no por maldad, sino porque, de niña, Uther Pendragón la internó en un convento, donde sufrió burlas, humillaciones y castigos. Eso hizo de ella alguien dedicado a la venganza, pero al final descubre el cariño que le tiene a Arturo y lo salva.
jueves, 21 de julio de 2016
Blanca y radiante
Caminaba sin prisa, recreándose en cada escaparate e imaginando que algún día ella llevaría puesto uno de esos trajes, uno de esos blancos e inmaculados, elegantes y con una gran caída. Sonreía para sus adentros y los ojos se le iluminaban, centelleaban como si mil luciérnagas habitaran en ellos, y en su rostro ya marcado por surcos de dolor, se le dibujaban mariposas.
Hacía un pormenorizado recuento de invitados, de flores, de cubiertos y de los entrantes que pensaba ofrecer a todos sus allegados y sonreía, con una sonrisa franca, sincera y llena de esperanza.
Mientras avanzaba por sus sueños, iba recorriendo todos los establecimientos que iba a visitar para completar el día mas hermoso de su vida, su sueño más ansiado...
Las flores... blancas, siempre había pensado que su ramo sería un ramillete de azucenas y nardos. Entonces inhalaba como si pudiese olerlas, como si el perfume le llegase a través del viento y entornaba los párpados, confundiéndose con el aroma que la embriagaba.
Su alma flotaba entre nubes de algodón, entre paisajes de colores y escenarios de ternura y pasión. Y continuaba caminando, por un camino que no tenía fin, por aceras hechas de sentimientos, por puentes de locura y fantasía, bordeando todo lo mezquino y esquivando el sufrimiento y lo amargo de su día a día.
Ese era su sueño, el motivo por el que cada mañana se levantaba llena de ilusión y de ganas, el motivo por el que dejaba el rencor en el cajón de su mesita, colgaba su abatimiento en la percha más profunda de su armario y se vestía con una falda de esperanza y una camisa de fe.
Pasaron los años y ella seguía caminando sin prisa, aunque cada vez aligeraba más el paso, las horas corrían más energicamente y el cabello se estaba poblando de canas. Al ver su reflejo en el escaparate, se entristeció, apretó los puños y murmuró entre dientes, no va a pasar...
Estaba mayor, cada vez más cansada y enferma y más abatida. Sentía que se le acababa el tiempo y ella quería su vestido y sus flores. Se frenó en seco y decidió que lo haría.
Adornó su habitación, engalano cada una de las esquinas con flores que colgaban acariciando su pelo, se dio un baño y se acicaló con mimo, se maquillo suavemente y enredó sus rizos en un bonito moño. Se vistió despacio, disfrutando cada centímetro de vestido que iba rozando su piel y se calzó unos bonitos zapatos de tacón. Por último colocó el velo cubriendo su rostro y prendió un pasador antiguo que su abuela le había regalado para cuando contrajera matrimonio.
Se giró y se contempló en el espejo y no pudo contener la emoción. Estaba radiante, una explosión de alegría brotaba por cada poro de su piel y fue tanta la felicidad que su corazón enfermo no pudo soportarlo y se quebró.
La encontraron al día siguiente tirada en el suelo con una inmensa sonrisa dibujada en su rostro y algo parecido a una lágrima asomando por su mejilla.
"Nuestro destino es un misterio y quizás el sentido de la vida no sea más que la búsqueda de ese sentido".
Caminaba sin prisa, recreándose en cada escaparate e imaginando que algún día ella llevaría puesto uno de esos trajes, uno de esos blancos e inmaculados, elegantes y con una gran caída. Sonreía para sus adentros y los ojos se le iluminaban, centelleaban como si mil luciérnagas habitaran en ellos, y en su rostro ya marcado por surcos de dolor, se le dibujaban mariposas.
Hacía un pormenorizado recuento de invitados, de flores, de cubiertos y de los entrantes que pensaba ofrecer a todos sus allegados y sonreía, con una sonrisa franca, sincera y llena de esperanza.
Mientras avanzaba por sus sueños, iba recorriendo todos los establecimientos que iba a visitar para completar el día mas hermoso de su vida, su sueño más ansiado...
Las flores... blancas, siempre había pensado que su ramo sería un ramillete de azucenas y nardos. Entonces inhalaba como si pudiese olerlas, como si el perfume le llegase a través del viento y entornaba los párpados, confundiéndose con el aroma que la embriagaba.
Su alma flotaba entre nubes de algodón, entre paisajes de colores y escenarios de ternura y pasión. Y continuaba caminando, por un camino que no tenía fin, por aceras hechas de sentimientos, por puentes de locura y fantasía, bordeando todo lo mezquino y esquivando el sufrimiento y lo amargo de su día a día.
Ese era su sueño, el motivo por el que cada mañana se levantaba llena de ilusión y de ganas, el motivo por el que dejaba el rencor en el cajón de su mesita, colgaba su abatimiento en la percha más profunda de su armario y se vestía con una falda de esperanza y una camisa de fe.
Pasaron los años y ella seguía caminando sin prisa, aunque cada vez aligeraba más el paso, las horas corrían más energicamente y el cabello se estaba poblando de canas. Al ver su reflejo en el escaparate, se entristeció, apretó los puños y murmuró entre dientes, no va a pasar...
Estaba mayor, cada vez más cansada y enferma y más abatida. Sentía que se le acababa el tiempo y ella quería su vestido y sus flores. Se frenó en seco y decidió que lo haría.
Adornó su habitación, engalano cada una de las esquinas con flores que colgaban acariciando su pelo, se dio un baño y se acicaló con mimo, se maquillo suavemente y enredó sus rizos en un bonito moño. Se vistió despacio, disfrutando cada centímetro de vestido que iba rozando su piel y se calzó unos bonitos zapatos de tacón. Por último colocó el velo cubriendo su rostro y prendió un pasador antiguo que su abuela le había regalado para cuando contrajera matrimonio.
Se giró y se contempló en el espejo y no pudo contener la emoción. Estaba radiante, una explosión de alegría brotaba por cada poro de su piel y fue tanta la felicidad que su corazón enfermo no pudo soportarlo y se quebró.
La encontraron al día siguiente tirada en el suelo con una inmensa sonrisa dibujada en su rostro y algo parecido a una lágrima asomando por su mejilla.
"Nuestro destino es un misterio y quizás el sentido de la vida no sea más que la búsqueda de ese sentido".
miércoles, 20 de julio de 2016
CUERPO MANCILLADO, ALMA VACÍA (6 MARZO 2015)
Por su cuerpo habían pasado otras manos que la habían acariciado, pero nadie había llegado hasta su corazón, ni se había detenido a conocer a fondo a la dueña de esos latidos que actuaban por inercia, no porque se sintiera amada de veras.
Las lágrimas habían brotado de sus ojos tiempo atrás, pero tal era su cansancio, que decidió que dejasen de fluir. Vivir pronto se convirtió en un hábito y, prometiéndose a sí misma que jamás amaría de nuevo, cerró a cal y canto las puertas de su corazón.
Su creencia era que, si conseguía poner cerrojos a sus sentimientos, sería feliz al fin, sin necesidad de pensar en nada ni nadie. Ella no quería parecer frágil ni vulnerable. Si por un casual llegaba a dar esa imagen, nunca se lo perdonaría.
De día, conseguía maquillar ligeramente esa sensación de soledad que habitaba en su alma de forma permanente. Por la noche, en cambio, la soledad le invadía. Durante muchos años, pese a sus arduos intentos, sollozó en silencio, pero con el tiempo dejó atrás sus lágrimas, o eso creía.
De puertas afuera, no quería que nadie se enterase de cuán vacía le resultaba su existencia. De hecho, acostumbraba a salir los sábados hasta altas horas de la madrugada, pero sin querer comprometerse con nadie. Su único pretexto era encerrarse el domingo en su casa, sin ganas de nada.
Su única compañía era una taza de humeante café y un cigarrillo a medio consumir, sustraído del paquete que había comprado la víspera, en la máquina de tabaco de alguno de los bares en los que había hecho acto de presencia la noche anterior.
Sin embargo, aquél no era un domingo cualquiera. El cielo estaba poblado de nubes grises, indicio claro de la tormenta que se avecinaba. No era lo único diferente: algo en ella había cambiado. Sintió de repente una necesidad imperiosa de salir a pasear.
Sin darse cuenta, las gotas de lluvia comenzaron a mezclarse con sus lágrimas. Así, fue plenamente consciente de que se hallaba sumergida en una existencia vacía, carente de sentido, encerrada en un cuerpo mancillado por unas manos que no se esforzaron en tocar más allá del encaje de su sujetador.
Debido a la terrible sensación de angustia dentro de las cuatro paredes que formaban su hogar, y a que temía que se le cayera la casa encima, se animó a modificar su rutina y pisar la calle.
Alentada por la lluvia que comenzaba a mojar sus cabellos, empezó a cambiar la percepción de su situación personal, reparando en el verdadero daño que había hecho a su corazón, impidiéndose a sí misma mostrar que en verdad tenía sentimientos.
Así pues,Rocio R De Luna gritó, sollozó y, por primera vez en muchísimo tiempo, lloró libremente. Por un instante, sintió que, como el ave Fénix, resurgía nuevamente de sus cenizas.
Por fin tomó conciencia de qué le pasaba y decidió dejar atrás aquella imagen de mujer fría, temerosa de mostrarse tal cual y ser herida una vez más. Al fin era libre de sí misma y de la careta que había fabricado para alejar a los demás.
Extendió sus brazos bajo la lluvia como un pájaro extiende sus alas al volar, y sonrió con un deje de amargura, mientras dejaba al mismo tiempo aflorar las lágrimas bajo sus ojos y parecía querer vislumbrar en ellos un destello de esperanza. Tal vez no fuese aún demasiado tarde.
Por su cuerpo habían pasado otras manos que la habían acariciado, pero nadie había llegado hasta su corazón, ni se había detenido a conocer a fondo a la dueña de esos latidos que actuaban por inercia, no porque se sintiera amada de veras.
Las lágrimas habían brotado de sus ojos tiempo atrás, pero tal era su cansancio, que decidió que dejasen de fluir. Vivir pronto se convirtió en un hábito y, prometiéndose a sí misma que jamás amaría de nuevo, cerró a cal y canto las puertas de su corazón.
Su creencia era que, si conseguía poner cerrojos a sus sentimientos, sería feliz al fin, sin necesidad de pensar en nada ni nadie. Ella no quería parecer frágil ni vulnerable. Si por un casual llegaba a dar esa imagen, nunca se lo perdonaría.
De día, conseguía maquillar ligeramente esa sensación de soledad que habitaba en su alma de forma permanente. Por la noche, en cambio, la soledad le invadía. Durante muchos años, pese a sus arduos intentos, sollozó en silencio, pero con el tiempo dejó atrás sus lágrimas, o eso creía.
De puertas afuera, no quería que nadie se enterase de cuán vacía le resultaba su existencia. De hecho, acostumbraba a salir los sábados hasta altas horas de la madrugada, pero sin querer comprometerse con nadie. Su único pretexto era encerrarse el domingo en su casa, sin ganas de nada.
Su única compañía era una taza de humeante café y un cigarrillo a medio consumir, sustraído del paquete que había comprado la víspera, en la máquina de tabaco de alguno de los bares en los que había hecho acto de presencia la noche anterior.
Sin embargo, aquél no era un domingo cualquiera. El cielo estaba poblado de nubes grises, indicio claro de la tormenta que se avecinaba. No era lo único diferente: algo en ella había cambiado. Sintió de repente una necesidad imperiosa de salir a pasear.
Sin darse cuenta, las gotas de lluvia comenzaron a mezclarse con sus lágrimas. Así, fue plenamente consciente de que se hallaba sumergida en una existencia vacía, carente de sentido, encerrada en un cuerpo mancillado por unas manos que no se esforzaron en tocar más allá del encaje de su sujetador.
Debido a la terrible sensación de angustia dentro de las cuatro paredes que formaban su hogar, y a que temía que se le cayera la casa encima, se animó a modificar su rutina y pisar la calle.
Alentada por la lluvia que comenzaba a mojar sus cabellos, empezó a cambiar la percepción de su situación personal, reparando en el verdadero daño que había hecho a su corazón, impidiéndose a sí misma mostrar que en verdad tenía sentimientos.
Así pues,Rocio R De Luna gritó, sollozó y, por primera vez en muchísimo tiempo, lloró libremente. Por un instante, sintió que, como el ave Fénix, resurgía nuevamente de sus cenizas.
Por fin tomó conciencia de qué le pasaba y decidió dejar atrás aquella imagen de mujer fría, temerosa de mostrarse tal cual y ser herida una vez más. Al fin era libre de sí misma y de la careta que había fabricado para alejar a los demás.
Extendió sus brazos bajo la lluvia como un pájaro extiende sus alas al volar, y sonrió con un deje de amargura, mientras dejaba al mismo tiempo aflorar las lágrimas bajo sus ojos y parecía querer vislumbrar en ellos un destello de esperanza. Tal vez no fuese aún demasiado tarde.
martes, 19 de julio de 2016
besar la almohada triste
donde durmió tu risa;
ir echando cortinas
y apagando locuras
que tus labios dejaron encendidas;
hacer prisiones nuevas
para el alma, fugazmente evadida.
Cuando te vas,
se me hace eterno el cielo, sin tus alas;
los pájaros, refuerzan el silencio
de los relojes, mudos
en una hora cualquiera en que aun estabas.
Se queda el sol vacío
y los ojos me llueven hacia adentro
formando un lago de excesiva calma.
Cuando te vas, no hay prisa...
Poseo todo el tiempo para nada
y apuro el nudo tenso
que fue canción feliz en mi garganta.
Cuando te vas, soy niñA
y se van, tras de ti, todas las hadas.
NO TE OLVIDO HERMANITA
donde durmió tu risa;
ir echando cortinas
y apagando locuras
que tus labios dejaron encendidas;
hacer prisiones nuevas
para el alma, fugazmente evadida.
Cuando te vas,
se me hace eterno el cielo, sin tus alas;
los pájaros, refuerzan el silencio
de los relojes, mudos
en una hora cualquiera en que aun estabas.
Se queda el sol vacío
y los ojos me llueven hacia adentro
formando un lago de excesiva calma.
Cuando te vas, no hay prisa...
Poseo todo el tiempo para nada
y apuro el nudo tenso
que fue canción feliz en mi garganta.
Cuando te vas, soy niñA
y se van, tras de ti, todas las hadas.
NO TE OLVIDO HERMANITA
Acarreando un libro escotado
me redimo asumiendo la soledad…
Hoy pesa más que de costumbre
porque el diablo anda de vago.
Parafraseando algún permiso
las sombras me soplan la nuca
y agito los ojos en busca de penitencias
mientras la túnica se escapa de los pies.
El ángel ha caído,
boicoteando mi pureza
le di permiso de ultrajarme
sólo por esta noche.
Arrodillada, pero sin rezos
escupo en el cemento
algún deseo de ultratumba
que me lame las heridas
y se desangran los fantasmas
espiándome desde el portal.
Sacrílego desperdicio,
balbuceo cánticos herejes
mientras la cruz con forma de mujer
se ha perdido de mi muñeca.
Y perfilo hacia la puerta
maldiciendo más que de costumbre
llena de proezas de juerga
y con el alma vacía.
Esto debería ser una bendición
pero excomulgando en pretérito
termino como ramera
silbando en la avenida espectral.
me redimo asumiendo la soledad…
Hoy pesa más que de costumbre
porque el diablo anda de vago.
Parafraseando algún permiso
las sombras me soplan la nuca
y agito los ojos en busca de penitencias
mientras la túnica se escapa de los pies.
El ángel ha caído,
boicoteando mi pureza
le di permiso de ultrajarme
sólo por esta noche.
Arrodillada, pero sin rezos
escupo en el cemento
algún deseo de ultratumba
que me lame las heridas
y se desangran los fantasmas
espiándome desde el portal.
Sacrílego desperdicio,
balbuceo cánticos herejes
mientras la cruz con forma de mujer
se ha perdido de mi muñeca.
Y perfilo hacia la puerta
maldiciendo más que de costumbre
llena de proezas de juerga
y con el alma vacía.
Esto debería ser una bendición
pero excomulgando en pretérito
termino como ramera
silbando en la avenida espectral.

En las horas vencidas me refugio,
cuando te busco reincidente
entre la gente que nos tuvo
en la distancia de un instante.
Tu mirada furtiva me pide que te escriba,
que te cuente;
que invente que estás;
que te perciba y te diga qué se siente
cuando la mente sueña
y las manos se despeñan al tratar de imaginarte.
Es difícil ser de viento en tus impulsos
y vivir el intento de tocarte con las manos de la carne;
sin dudarle.
Es inmenso amarte en los pasillos del sentido
y no quemarse en los maderos del volátil minutero
de los días que me desangran, austero e impaciente.
Es mortal tratar de no pensarte
carnal e indefinida;
de no adentrarse en las brechas de tu cuerpo;
de no rasgar tu velo de prudencia
y desnudarte.
Es inútil hacer como que sueño
y no padezco tu ausencia;
que no me importan sudores ni temblores;
que mi verso está pleno y nada necesita.
No es verdad,
que me conforme con dejarte escrita,
porque amo el infierno de arrastrarte a mi locura;
la aventura de mirarte in-contenida
y arrancarte la medida y la cordura.
Soy real y vives en mi casa de latidos;
soy la siembra que te busca y te recorre;
soy el hambre que te toca y te destroza;
Que te provoca y te inunda;
Que te desnuda y te nombra.
Soy llanura en espera de tu arado furioso,
vital,
desordenado.
Vuelvo a Verte
Se acabó
Ya no hay más
Terminó el dolor de molestar
A esta boca que no aprende de una vida
He dejado de hablar
Al fantasma de la soledad
Ahora entiendo
Me dijiste que nada es eterno
Y solo queda subir otra montaña
Que también la pena
Se ahoga en esta playa
Y es que vuelvo a verte otra vez
Vuelvo a respirar profundo
Y que se entere el mundo
Que de amor también se puede vivir
De amor se puede parar el tiempo
No quiero salir de aquí
Porque vuelvo a verte otra vez
Vuelvo a respirar profundo
Y que se entere el mundo
Que no importa nada más
Esta humilde canción
La que está arrancándome la voz
Va llevándome a un latido diferente
Corre por mis venas la música de un alma libre
Y sin cadenas
Sin luz que perseguir
Y es que vuelvo a verte otra vez
Vuelvo a respirar profundo
Y que se entere el mundo
Que de amor también se puede vivir
De amor se puede parar el tiempo
No quiero salir de aquí
Porque vuelvo a verte otra vez
Vuelvo a respirar profundo
Y que se entere el mundo
Que no importa nada más.
Se acabó
Ya no hay más
Terminó el dolor de molestar
A esta boca que no aprende de una vida
He dejado de hablar
Al fantasma de la soledad
Ahora entiendo
Me dijiste que nada es eterno
Y solo queda subir otra montaña
Que también la pena
Se ahoga en esta playa
Y es que vuelvo a verte otra vez
Vuelvo a respirar profundo
Y que se entere el mundo
Que de amor también se puede vivir
De amor se puede parar el tiempo
No quiero salir de aquí
Porque vuelvo a verte otra vez
Vuelvo a respirar profundo
Y que se entere el mundo
Que no importa nada más
Esta humilde canción
La que está arrancándome la voz
Va llevándome a un latido diferente
Corre por mis venas la música de un alma libre
Y sin cadenas
Sin luz que perseguir
Y es que vuelvo a verte otra vez
Vuelvo a respirar profundo
Y que se entere el mundo
Que de amor también se puede vivir
De amor se puede parar el tiempo
No quiero salir de aquí
Porque vuelvo a verte otra vez
Vuelvo a respirar profundo
Y que se entere el mundo
Que no importa nada más.
Hoy me negaste tu mirada,
ayer fue un suspiro en mi camino.
Hoy me negaste tu sonrisa,
ayer me entregabas como aromas.
Hoy ya no vienen tus pisadas,
ayer estrujabas mi alcoba.
Hoy no me esperas en la esquina,
ayer caminabas por mi vientre.
Hoy ya no estas en nuestro parque,
ayer te enredabas en mi pelo.
Hoy no acaricias mi instinto,
ayer te elevabas en deseo.
Hoy ya no tocas mi delirio,
ayer tus sudores eran miel.
Hoy ya no alcanzo tus olores,
ayer palpitabas en el centro.
Hoy ya no subes a mi sien,
ayer cabalgabas en las sombras.
Hoy ya no lees mi intención,
ayer te abrazabas en mi piel.
Hoy te olvidaste de mi nombre,
ayer lo gritabas con delirio.
Solo pido en este hoy, tu sonrisa y tu visita,
y mas tarde anunciaremos la delicia de tus besos.
ayer fue un suspiro en mi camino.
Hoy me negaste tu sonrisa,
ayer me entregabas como aromas.
Hoy ya no vienen tus pisadas,
ayer estrujabas mi alcoba.
Hoy no me esperas en la esquina,
ayer caminabas por mi vientre.
Hoy ya no estas en nuestro parque,
ayer te enredabas en mi pelo.
Hoy no acaricias mi instinto,
ayer te elevabas en deseo.
Hoy ya no tocas mi delirio,
ayer tus sudores eran miel.
Hoy ya no alcanzo tus olores,
ayer palpitabas en el centro.
Hoy ya no subes a mi sien,
ayer cabalgabas en las sombras.
Hoy ya no lees mi intención,
ayer te abrazabas en mi piel.
Hoy te olvidaste de mi nombre,
ayer lo gritabas con delirio.
Solo pido en este hoy, tu sonrisa y tu visita,
y mas tarde anunciaremos la delicia de tus besos.
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