He limpiado la cara del cielo
con mis ojos tristes
y en mi mano he sentido
la seda helada de un viejo roció
Con mi mirada perdida
y mi mente silenciosa
me pierdo en el tiempo
de esta distancia aterradora
Como ficciones inaccesibles
es éste amor en la lejanía
que se me convierte
en una lenta agonía
Mirando a lo lejos cada estrella
con mis ojos estáticos
y mis manos vacías
como un anhelo menguante
trato de dibujarte en cada una de ellas
A qui estoy viendo pasar los segundos, los minutos, las horas
aveces temiendo que este amor se cubra
con el manto del olvido
mi luna se ha convertido como un espejo roto del pasado
Amor ¿dónde han ido los suspiros?
¿en qué rincón del corazón
se han quedado dormidos?
¿Qué nostalgia es esta?
que me invade así de repente
hoy mi corazón esta cual huérfano
en un profundo vació
¿A quién debo culpar?
quizá al destino o al tiempo
que me ha condenado
a amarte así en esta distancia
En esta profunda soledad
que solo abrazo las lagrimas de mis ojos
en estas mis tristes horas
miércoles, 16 de noviembre de 2016
Luna Llena
El viento de una noche fría baja por las colinas de Cali, mientras Carlos fuma un cigarrillo en una esquina, viendo pasar el tiempo y pensando en lo divertida que va a ser esa semana; las calles largas llenas de casitas coloniales brillan bajo los focos mortecinos de la luz de las lámparas callejeras, y la gente pasa corriendo bajo los últimos rescoldos de llovizna hacia la calle quinta, la soledad reina ahora en donde Carlos se encuentra.
El cabello largo y la vestimenta negra que hace ver tenebroso su caminar, un aire despreocupado y triste recorre su rostro, mientras observa el horizonte y esa luna que le ilumina el rostro y lo disturba en sus noches de soledad, siente como su luz apagada y fría le cala el cerebro produciendo pensamientos extraños, pero esta noche no le preocupa eso. Recuerda de donde vino y el olor a sangre en el matadero, como su padre le enseño a comer carne cruda y cocinada, le agradaba el sabor a sangre y sobre todo los chillidos que los cerdos daban al morir, eso era lo que más extrañaba de su vida anterior, antes de venirse a la ciudad a estudiar y de que su padre muriera dejándole el negocio que decidió vender. Definitivamente extrañaba el campo pero tenía una casita a las afueras de la ciudad donde disfrutaba de la privacidad y tranquilidad que necesitaba.
La vida sigue en una Cali que devora todo bajo el calor de la tarde pero en una noche fresca como esta transcurre el tiempo en silencio, es la calma después de la tormenta; como si las ratas hubieran huido de la inundación. Carlos no es nada de eso, es algo mas, es un ser de la noche de aquellos que disfruta el olor de la calle húmeda y los callejones apestosos a cigarrillo y licor, con prostitutas en cada esquina; este sórdido ambiente lo mantiene atento y el placer de sentir que todo lo que lo rodea es caos, que a cada segundo puede convertirse en un infierno, todo impredecible, nada es seguro; siempre como un gato negro agazapado en un rincón esperando que suceda lo inesperado, la adrenalina corriendo constante, con los cinco sentidos al máximo, y el con la calma en el rostro impávido como una estatua de mármol, por que así lo refleja su tez, blanca casi mortecina, aparentando un muerto en vida recorre las calles y son pocos los que se acercan si no le conocen.
Así ha estado solo pensativo y tranquilo, oliendo el frio de la noche, casi palpándolo, sintiendo como acaricia su blanca piel el terciopelo helado que baja de las montañas, cuando baja la victima que había estado esperando, su mirada penetrante sigue al finado despacio; esperando el momento adecuado para asestar el golpe, ese golpe que lo llevara al éxtasis máximo de placer; aquel que hará retorcerse al desprevenido transeúnte como un gusano en el pico de un ruiseñor que se niega a soltar a su presa, noche inclemente deberían llamarle, porque así como es clara su piel su alma es de un negro como el azabache.
El hombre se despierta en una pequeña pieza, sin saber que le ha sucedido, solo ve por una pequeña rendija de una ventana alta el pasar de las nubes sobre la luna llena que todavía esta encumbrada en el cielo, siente como le tallan las ataduras de brazos y piernas, como el sudor recorre su frente después de esfuerzos infructuosos, siente la piel sobre un plástico sucio y pegajoso, un olor acre y fuerte, como de excrementos humanos, tiene su boca tapada por un bozal de cuero que casi no lo deja respirar, trata de incorporarse poco a poco pero el cuerpo le duele siente laceraciones en su rostro y la piel le arde como si hubiera estado sobre un hormiguero.
Al fondo reconoce el sonido de un gramófono, con un disco viejo de salsa que suena destemplado, como si el cantante y la banda estuvieran cansados de seguir cantando el mismo tema una y otra vez, bajo la puerta ve como pasa la sombra de unos pies o eso es lo que él cree que se mueven de un lado a otro, mientras escucha el viento que entra por la rendija de la ventana y que le hela los huesos.
La noche sigue lenta mientras que afuera del pequeño cuarto se escuchan sonidos raros, metálicos, estridentes, la poca luz que se filtra deja ver pedazos de tela sucios sobre el suelo y unas esquirlas blancas que él no logra reconocer.
El sueño llega lento y sin embargo un frio que le recorre la espalda no lo deja dormir, una sensación de que lo que ocurre no es un simple secuestro, que de esta no va a salir y quién sabe si vuelva a ver el sol.
La puerta se abre lentamente, chirriante y oxidada, pero este sonido a Carlos le produce placer, un placer frio que le sube por la espalda y le eriza los pelos de la nuca, se ha cambiado y va vestido con un delantal de carnicero y completamente desnudo, bajo el delantal se puede apreciar la fuerte erección que tiene y en la frente el sudor frio que baja hasta caer al suelo, en su mano un cuchillo filoso y en la otra una bandeja, el pobre hombre abre los ojos ahogando un chillido de terror que no sale y que sofoca su aterrorizada alma, mientras Carlos se acerca con los ojos inyectados de sangre y con la mirada desorbitada que lo hace ver aun mas malévolo.
Carlos disfruta de su comida, un filete con papas y ensalada, mientras toma una copa de lo que parece ser vino sobre un taburete completamente blanco, con el rostro y las manos ensangrentadas, calmado y silencioso de nuevo. El hombre extendido sobre el suelo yace en sus propios excrementos y siente como la vida abandona su cuerpo mientras que la sangre desfila hacia un sifón maloliente, su vista ya perdida escapa hacia el resplandor de la luna sobre el muro que brilla a pesar de estar opaco y sucio, una última lagrima rueda por su mejilla mientras su cuerpo desiste frente a el inevitable destino.
El viento de una noche fría baja por las colinas de Cali, mientras Carlos fuma un cigarrillo en una esquina, viendo pasar el tiempo y pensando en lo divertida que va a ser esa semana; las calles largas llenas de casitas coloniales brillan bajo los focos mortecinos de la luz de las lámparas callejeras, y la gente pasa corriendo bajo los últimos rescoldos de llovizna hacia la calle quinta, la soledad reina ahora en donde Carlos se encuentra.
El cabello largo y la vestimenta negra que hace ver tenebroso su caminar, un aire despreocupado y triste recorre su rostro, mientras observa el horizonte y esa luna que le ilumina el rostro y lo disturba en sus noches de soledad, siente como su luz apagada y fría le cala el cerebro produciendo pensamientos extraños, pero esta noche no le preocupa eso. Recuerda de donde vino y el olor a sangre en el matadero, como su padre le enseño a comer carne cruda y cocinada, le agradaba el sabor a sangre y sobre todo los chillidos que los cerdos daban al morir, eso era lo que más extrañaba de su vida anterior, antes de venirse a la ciudad a estudiar y de que su padre muriera dejándole el negocio que decidió vender. Definitivamente extrañaba el campo pero tenía una casita a las afueras de la ciudad donde disfrutaba de la privacidad y tranquilidad que necesitaba.
La vida sigue en una Cali que devora todo bajo el calor de la tarde pero en una noche fresca como esta transcurre el tiempo en silencio, es la calma después de la tormenta; como si las ratas hubieran huido de la inundación. Carlos no es nada de eso, es algo mas, es un ser de la noche de aquellos que disfruta el olor de la calle húmeda y los callejones apestosos a cigarrillo y licor, con prostitutas en cada esquina; este sórdido ambiente lo mantiene atento y el placer de sentir que todo lo que lo rodea es caos, que a cada segundo puede convertirse en un infierno, todo impredecible, nada es seguro; siempre como un gato negro agazapado en un rincón esperando que suceda lo inesperado, la adrenalina corriendo constante, con los cinco sentidos al máximo, y el con la calma en el rostro impávido como una estatua de mármol, por que así lo refleja su tez, blanca casi mortecina, aparentando un muerto en vida recorre las calles y son pocos los que se acercan si no le conocen.
Así ha estado solo pensativo y tranquilo, oliendo el frio de la noche, casi palpándolo, sintiendo como acaricia su blanca piel el terciopelo helado que baja de las montañas, cuando baja la victima que había estado esperando, su mirada penetrante sigue al finado despacio; esperando el momento adecuado para asestar el golpe, ese golpe que lo llevara al éxtasis máximo de placer; aquel que hará retorcerse al desprevenido transeúnte como un gusano en el pico de un ruiseñor que se niega a soltar a su presa, noche inclemente deberían llamarle, porque así como es clara su piel su alma es de un negro como el azabache.
El hombre se despierta en una pequeña pieza, sin saber que le ha sucedido, solo ve por una pequeña rendija de una ventana alta el pasar de las nubes sobre la luna llena que todavía esta encumbrada en el cielo, siente como le tallan las ataduras de brazos y piernas, como el sudor recorre su frente después de esfuerzos infructuosos, siente la piel sobre un plástico sucio y pegajoso, un olor acre y fuerte, como de excrementos humanos, tiene su boca tapada por un bozal de cuero que casi no lo deja respirar, trata de incorporarse poco a poco pero el cuerpo le duele siente laceraciones en su rostro y la piel le arde como si hubiera estado sobre un hormiguero.
Al fondo reconoce el sonido de un gramófono, con un disco viejo de salsa que suena destemplado, como si el cantante y la banda estuvieran cansados de seguir cantando el mismo tema una y otra vez, bajo la puerta ve como pasa la sombra de unos pies o eso es lo que él cree que se mueven de un lado a otro, mientras escucha el viento que entra por la rendija de la ventana y que le hela los huesos.
La noche sigue lenta mientras que afuera del pequeño cuarto se escuchan sonidos raros, metálicos, estridentes, la poca luz que se filtra deja ver pedazos de tela sucios sobre el suelo y unas esquirlas blancas que él no logra reconocer.
El sueño llega lento y sin embargo un frio que le recorre la espalda no lo deja dormir, una sensación de que lo que ocurre no es un simple secuestro, que de esta no va a salir y quién sabe si vuelva a ver el sol.
La puerta se abre lentamente, chirriante y oxidada, pero este sonido a Carlos le produce placer, un placer frio que le sube por la espalda y le eriza los pelos de la nuca, se ha cambiado y va vestido con un delantal de carnicero y completamente desnudo, bajo el delantal se puede apreciar la fuerte erección que tiene y en la frente el sudor frio que baja hasta caer al suelo, en su mano un cuchillo filoso y en la otra una bandeja, el pobre hombre abre los ojos ahogando un chillido de terror que no sale y que sofoca su aterrorizada alma, mientras Carlos se acerca con los ojos inyectados de sangre y con la mirada desorbitada que lo hace ver aun mas malévolo.
Carlos disfruta de su comida, un filete con papas y ensalada, mientras toma una copa de lo que parece ser vino sobre un taburete completamente blanco, con el rostro y las manos ensangrentadas, calmado y silencioso de nuevo. El hombre extendido sobre el suelo yace en sus propios excrementos y siente como la vida abandona su cuerpo mientras que la sangre desfila hacia un sifón maloliente, su vista ya perdida escapa hacia el resplandor de la luna sobre el muro que brilla a pesar de estar opaco y sucio, una última lagrima rueda por su mejilla mientras su cuerpo desiste frente a el inevitable destino.
Sòlo se quedò el puerto
Sòlo se quedò el puerto, ni siquiera
las olas se ven en los alrrededores.
A lo lejos... el pàjaro negro grita
desde la cima de un àrbol seco.
El barco, aquel barco verde
que se quedò sin marineros,
y ahora se gasta entre
las aguas saladas.
Sòlo se quedò el puerto, se fueron
las gaviotas que habitaban aquì,
el cielo se quedò desnudo,
las golondrinas tampoco se ven
volando.
Sòlo se quedò el puerto, ni siquiera
las olas se ven en los alrrededores.
A lo lejos... el pàjaro negro grita
desde la cima de un àrbol seco.
El barco, aquel barco verde
que se quedò sin marineros,
y ahora se gasta entre
las aguas saladas.
Sòlo se quedò el puerto, se fueron
las gaviotas que habitaban aquì,
el cielo se quedò desnudo,
las golondrinas tampoco se ven
volando.
Érase un rey que tenía una hija de quince años.
Un día, estaba la princesita paseando por el jardín con su doncella,
cuando vio una planta desconocida.
Y preguntó, curiosa:
- ¿Qué es esto?
- Una matita de hinojo, Alteza.
- Cuidémosla, a ver lo que crece - dijo la princesa.
Otro día, la doncella encontró un piojo. Y la princesa propuso:
- Cuidémoslo, a ver lo que crece.
Y lo metieron en una tinaja.
Pasó, el tiempo. La matita se convirtió, en un árbol y el piojo engordó
tanto, que, al cabo de nueve meses, ya no cabía en la tinaja.
El rey, después de consultar a su hija, publicó un bando diciendo que la
princesa estaba en edad de casarse, pero que lo haría con el más listo del
país.
Para ello se le ocurrió hacer un pandero con la piel del piojo,
construyéndose el cerco del mismo con madera de hinojo.
Luego lo hizo colocar en todas las esquinas de las casas del reino un nuevo
bando, diciendo:
«La princesita se casará con el que acierte de qué material está hecho el
pandero. A los pretendientes a su mano se les dará tres días de plazo para
acertarlo. Quien no lo hiciere en este tiempo, será condenado a muerte.»
A palacio acudieron condes, duques, y marqueses, así como muchachos
riquísimos, que ansiaban casarse con la princesita, pero ninguno adivinó
de qué material estaba fabricado el pandero y murieron todos al tercer día.
Un pastor, que había leído el bando, dijo a su madre:
- Prepárame las alforjas, que voy a probar suerte. Conozco las pieles de
todos los bichos del campo y la madera de todos los árboles del bosque.
Después de discutir un rato con la madre, que temía le sucediera lo mismo
que a tantos otros pretendientes a la mano de la princesa, el pastor logró
convencer a su progenitora y emprendió el camino hacia la corte.
En las afueras de un pueblo encontróse con un gigante que estaba
sujetando un peñasco como una montaña y le preguntó:
- ¿Qué haces ahí, muchacho?
- Sujeto esta piedrecita para que no caiga y destroce el pueblo.
- ¿Cómo te llamas?
- Hércules.
- Mejor dejas eso y te vienes conmigo; llevo un negocio entre manos y si me
sale bien algo te tocará a ti. ¡Anda, ven!
Hércules echó a rodar la peña en dirección contraria al pueblo, arrasando
los bosques en una extensión de cinco kilómetros, y se marchó con el
pastor.
Llegaron a otro pueblo y vieron a un hombre que apuntaba con una
escopeta al cielo.
- ¿Qué haces ahí? - preguntóle el pastor.
Y el cazador contestó:
- Encima de aquella nube vuela una bandada de gavilanes. Por cada uno
que mato me dan diez céntimos.
- ¿Cómo te llamas?
- Bala-Certera.
- Mejor dejas eso y te vienes con nosotros; llevo un negocio entre manos y
si me sale bien algo te tocará a ti. Anda, vente con nosotros.
Y Bala-Certera se unió al pastor y a Hércules.
A la salida de otro pueblo vieron junto al camino a un hombre que estaba
con el oído pegado al suelo.
El pastor le preguntó:
- ¿Qué haces ahí?
- Oigo crecer la hierba.
- ¿Cómo te llamas?
- Oídos-Finos.
- Vente con nosotros; con esos oídos puedes prestarnos buenos servicios.
Y Oídos-Finos se marchó con el pastor, Hércules y Bala-Certera.
Llevaban andando un buen rato, cuando vieron a un hombre atado a un
árbol, con sendas ruedas de molino a los pies.
El pastor le preguntó:
- ¿Qué haces aquí?
- He hecho que me aten, porque suelto me corro el mundo entero en un
minuto.
- ¿Cómo te llamas?
- Veloz-como-el-Rayo.
- Ya somos cuatro - dijo el pastor. - No admitimos más socios. Vendrás con
nosotros.
Desataron a Veloz-como-el-Rayo y éste dijo a sus compañeros que se
colocarán sobre las ruedas de molino, asegurándoles que los conduciría
adonde quisieran ir con la velocidad del rayo.
Mientras se colocaban todos, acercóse una hormiga que dijo:
- Pastor, llévame en el zurrón.
- No quiero, porque vas a picotear la tortilla que llevo para la merienda.
- Llévame contigo, pastor, que tengo de prestarte buenos servicios.
El pastor metió la hormiga en el zurrón, y en esto se acerca un escarabajo
que le dice:
- Pastor, llévame en el zurrón.
- No quiero, porque vas a estropearme una tortilla que llevo para la
merienda.
- Llévame, hombre, que tengo de prestarte buenos servicios.
El pastor metió el escarabajo en el zurrón, y en esto se acerca un ratón
que le dice:
- Pastor, llévame en el zurrón.
- No quiero que estropees, la tortilla que llevo para la merienda.
No te la estropearé, que anoche llovió y tengo el hocico limpio. Llévame
contigo, que tengo de prestarte buenos servicios.
El pastor lo metió en el zurrón.
Emprendieron todos la marcha montados en las ruedas de molino y sin
darse cuenta llegaron a palacio.
Alojáronse todos en un mesón que había frente al palacio, donde el pastor
dejó a Hércules, a Bala-Certera, a Oídos-Finos y a Veloz-como-el-Rayo,
para ir a ver a la princesa.
Cuando le enseñaron el pandero, dijo:
- Esto es de piel de cabrito y madera de cornicabra.
- Te has equivocado - dijo el rey. - Tienes tres días para pensarlo. Si no lo
aciertas, morirás.
El pastor, desconsolado, volvió al mesón, y Oídos-Finos, el que oía crecer
la hierba, le preguntó la causa de su tristeza.
Contóle el pastor lo ocurrido y Oídos-Finos dijo:
- No te aflijas. Averiguaré lo que te interesa saber y te lo diré.
Al día siguiente, se marchó al jardín donde paseaba la princesa con su
doncella. Pego el oído al suelo y oyó, decir a la doncella:
- ¿No es lástima ver cómo matan a vuestros pretendientes, Alteza?
- Sí, desde luego; pero estarán muriendo hasta que alguno acierte que el
pandero está hecho de piel de piojo y madera de hinojo.
- No lo acertará nadie.
Oídos-Finos no esperó más; volvió corriendo al mesón.
- Ya sé de qué es la piel del pandero - dijo a sus compañeros. - De piel de
piojo y madera de hinojo. Acabo de oírselo a la doncella de la princesa.
Lleno de alegría, el pastor se dirigió a palacio y pidió ver al rey.
El monarca le dijo:
- ¿No sabes que el que no acierta la segunda vez de qué es la piel del
pandero, tiene pena de la vida?
- Sí que lo sé, Majestad. Venga el pandero.
El pastor cogió el pandero, lo miró un momento y dijo:
- La piel de este pandero es de un animal que se mata así.
Y al decir esto, apretó una contra otra las uñas de sus pulgares.
El rey miró para su hija.
Y ésta preguntó al pastor:
- ¿De qué es la piel? Dilo pronto.
- ¿De qué es la piel? ¡Ja, ja, ja! La piel es de piojo.
- Acertaste - dijo el rey.
El monarca reunió acto seguido a la Corte, para anunciar que el pastor
había acertado y que se casaría con la princesa; pero ésta dijo que con un
pastor no se casaba de ninguna manera.
- Un rey - dijo su padre - no tiene más que una palabra. Tienes que
casarte.
- Bien - respondió la muchacha. - Lo haré cuando me cumpla tres
condiciones: la primera que me traiga antes de que se ponga el sol una
botella de agua de la Fuente Blanca...
- ¡Pero hija mía! La Fuente Blanca está a cien leguas de aquí...
- Ya lo sé... No podrá hacerlo; pero por si acaso habrá de realizar otras dos
pruebas: separar en una noche un montón de diez fanegas de maíz,
poniendo a un lado, el bueno, al otro el mediano y al otros el malo; y luego
habrá de llevar en un solo viaje dos arcones llenos de monedas de oro
desde el palacio al pabellón de caza...
Marchóse el pastor a la posada, tan afligido como el día anterior, y refirió,
a sus compañeros las condiciones que, para casarse, le imponía la
princesa.
Veloz-como-el-Rayo, el que corría el mundo entero en un minuto, dijo:
- Por la botella de agua de la Fuente Blanca, que está a cien leguas de
aquí, no te apures. Dame una botella y la traeré llena de agua en un abrir
y cerrar de ojos.
En un santiamén regresó con la botella de agua.
Hércules afirmó:
- Los arcones los transportaré yo, a donde quieras.
Y la hormiga asomó la cabecita por un agujero del zurrón y añadió:
- Llévame a la habitación donde está el maíz y te lo separaré en una noche.
Al poco rato se presentó el pastor en palacio con la botella de agua y la
hormiga en el bolsillo. Entregó la botella y pidió que le pusieran una cama
en la habitación del maíz, ya que le sobraría tiempo para dormir.
A la mañana siguiente, mientras el rey y la princesa estaban viendo el
maíz, ya separado en tres montones, fue Hércules y trasladó los dos
arcones al pabellón de caza.
Pero, la princesita se puso muy rabiosa y afirmó que no se casaría con el
pastor aunque la mataran, presentando a la corte inmediatamente como
su futuro esposo a un príncipe vecino muy guapo y arrogante.
El pastor, compungido, abandonó el palacio.
Una vez en la posada, contó a sus compañeros lo que había ocurrido, a lo
cual dijo el ratón, asomando el hociquito por un bolsillo:
- El día de la boda, el escarabajo y yo te vengaremos.
Llegó el día de la boda. El pastor se presentó en palacio y dejó el ratón y el
escarabajo en la habitación destinada al novio, marchándose luego a la
posada a esperar los acontecimientos.
Cuando el novio entró a acicalarse para la ceremonia, el ratón se le metió
en el bolsillo de la casaca, mientras que el escarabajo se escondía en una
de las amplias solapas.
Fueron los novios hacia el altar, acompañados de los padrinos, entre
nutrida y escogida concurrencia.
Cuando el sacerdote preguntó al novio si aceptaba por esposa a la
princesa, el escarabajo, de un salto, se le metió en la boca, con lo que el
infeliz no pudo pronunciar palabra, sino que sintió una angustia horrible.
Entretanto, el ratón salió del bolsillo y se metió por entre las ropas de la
princesa, dándole un mordisco tan atroz en la rodilla que por poco se
muere del susto.
Novio y novia echaron a correr como locos hacia la puerta del templo,
seguidos de los invitados, que no sabían lo que les pasaba.
Cuando hubieron, regresado a palacio, el novio abrió la boca para excusar
su conducta, pero el escarabajo se agitó de nuevo y tuvo que cerrarla más
que de prisa, mientras que el ratón propinó a la princesa un nuevo
mordisco y la obligó a refugiarse en su habitación para huir de lo que
todavía ignoraba lo que era.
Sola en su alcoba, la princesa se quitó el traje de novia y empezó a
sollozar.
- Princesita - dijo el ratón - no descansarás un instante hasta que rompas
con el príncipe y te cases con el pastor.
- ¿Quién me está hablando? - preguntó la princesa espantada.
- La voz de tu propia conciencia - aseguró el simpático roedor.
Entretanto, el príncipe se esforzaba en matar el escarabajo haciendo
gárgaras; pero el bicho se le metía en las narices hasta que pasaba el
chaparrón, consiguiendo que estornudara sin parar, con tal fuerza que se
daba con la cabeza contra los muebles.
- ¿Es que no me vas a dejar tranquilo, miserable bicho? - rugió
encolerizado.
- Hasta que no salgas de aquí te atormentaré sin cesar, día y noche.
El príncipe, al oír estas palabras, salió despavorido, no parando de correr
hasta llegar a su reino.
El escarabajo, cuando le vio cruzar el umbral del palacio se dejó caer y fue
a reunirse con el ratón.
- Vamos en busca del pastor - dijo el ratón. - Tengo la seguridad de que
ahora la princesa se casará con él.
Fueron a la posada, contaron al pastor lo sucedido y cuando éste se
presentó en palacio fue muy bien acogido por la princesa, que se colgó de
su brazo y, acompañados por el rey y los altos dignatarios, volvieron a la
iglesia, celebrándose la ceremonia con toda pompa y esplendor.
Luego hubo un baile magnífico, en que bailaron Hércules, Veloz-como-el-
Rayo y Oídos-Finos, mientras Bala-Certera se quedaba de centinela en la
puerta de palacio.
A medianoche, la madrina del príncipe desdeñado, una bruja horrible con
muy malas intenciones, vino disfrazada de búho a matar al pastor, pero
Bala-Certera, de un solo disparo, la envió al infierno.
Después del baile hubo un gran banquete, al que acudieron los reyes y los
pastores de todos los países colindantes.
Los compañeros del pastor se quedaron a vivir para siempre en palacio.
Hércules, el gigante, fue nombrado mayordomo; Oídos-Finos, el que oía
crecer la hierba, jefe de policía; Veloz-como-el-Rayo, el que corría el mundo
en un minuto, correo real; y Bala-Certera, el cazador, capitán de la
guardia.
La hormiguita, el ratoncito y el escarabajo fueron debidamente
recompensados.
A la hormiguita le reservaron unos terrenos donde había toda clase de
granos y golosinas apreciados por ella, y con el tiempo formó un
pobladísimo hormiguero que todos los súbditos respetaban, pues se
pregonó que se castigaría con la pena de muerte al que hollara aquel
espacio.
El ratoncito recibió un queso del tamaño de un pajar, para que hiciera en
él su morada, prometiéndole otro igual cuando le hiciera goteras.
El escarabajo recibió una hermosísima pelota de terciopelo verde y
amarillo, con la que el avispado animalito hacía verdaderas maravillas,
rodándola de un extremo a otro del trozo del jardín destinado a él
exclusivamente.
Y todos vivieron felices.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
El príncipe desmemoriado
Cuéntase que había una vez un príncipe, llamado Andana, hijo del rey
Perico y de la reina Mari-Castaña, que tenía el gravísimo defecto de carecer
de memoria. Todo cuanto oía, veía, hacía o decía lo olvidaba en el acto.
Los reyes, muy preocupados, llamaron en consulta a los mejores médicos
del reino y éstos, después de largas y profundas deliberaciones, llegaron al
acuerdo de que ninguno de ellos conocía remedio alguno para el mal que
aquejaba al joven príncipe, presentando al rey un extenso, dictamen, en el
que le aconsejaban que enviara a Andana a recorrer el mundo,
asegurándole que de este modo, cuando volviera, recordaría, si no todo,
algo de lo que viera.
Tanto el rey Perico como su esposa, la reina Mari-Castaña, acogieron con
alborozo el consejo de los sabios doctores, concediéndoles cruces y
distinciones en premio a su fenomenal talento y sapiencia.
Inmediatamente decidieron poner en práctica la atinadísima sugerencia de
los sesudos varones y la reina Mari-Castaña preparó con sus reales manos
una suculenta merienda al infante desmemoriado, diósela, junto con su
bendición y algunos consejos, y le despidió llorando a lágrima viva.
El príncipe emprendió la marcha. Al poco rato no se acordaba ni de las
lágrimas de su madre, ni de los consejos, ni de que llevaba merienda.
Continuó andando, hasta que sintió un hambre atroz y, viendo una
posada, entró en ella. Pidió de comer; le sirvieron una suculenta comida,
pues le habían reconocido, y cuando hubo terminado se marchó sin
acordarse de pagar la cuenta al posadero.
Andando, andando, llegó nuestro héroe, a orillas del mar. Sentía sed, y al
ver una riquísima viña, entró a coger uvas, pero el guarda le confundió con
un ladronzuelo vulgar y para escarmentarlo lo arrojó de cabeza al mar.
El pobre Andana no recordó' si sabía nadar o no, pero cuando salió a la
superficie empezó a mover brazos y pies y comprobó; con gran satisfacción
que se sostenía a flote. Sin embargo, había olvidado dónde estaba la playa
y empezó a nadar mar adentro, hasta que, cuando estaba ya casi
desfallecido por el tremendo esfuerzo realizado, fue recogido por un barco
que navegaba hacia Turquía.
En aquellos tiempos era soberano de aquella nación el Gran Turco,
déspota sanguinario y cruel, a quien todo el pueblo odiaba y temía. Ya
tenía más de sesenta años y estaba completamente ciego, pues se le
habían formado cataratas en los ojos.
Por los días en que sucedía lo que contamos, el feroz sultán había llamado
a los médicos de la corte, y les había dicho, con un acento que hubiera
hecho estremecerse a una estatua de mármol:
- O me devolvéis la vista u os corto la cabeza.
Los galenos otomanos no sabían operar las cataratas, pero como les
peligraba el relleno del turbante, se decidieron a buscar un colega que
fuese capaz de curar la ceguera del Gran Turco.
Llegó a su conocimiento que en una de las ciudades turcas habla un
médico cristiano que realizaba curas sorprendentes e inmediatamente
transmitieron la noticia al Gran Turco.
- ¡Que salgan cien jinetes a buscarlo! - ordenó el déspota.
Dos días más tarde, el médico cristiano se hallaba en presencia del sultán.
- Te he hecho venir, cristiano - díjole con voz atronadora - para que me
devuelvas la vista, cosa que estos imbéciles no son capaces de conseguir...
Si lo haces, te llenaré todos los bolsillos de oro, pero si fracasas...
- ¿Si fracaso, señor... ?
- Si fracasas, puedes despedirte de tu cabeza.
Lleno de temor, el médico cristiano entretuvo durante unos cuantos días al
tirano con cocimientos de flor de saúco y con lavados de agua de San
Antonio; pero como el Gran Turco no mejoraba y el pobre galeno temía por
su vida, se le ocurrió decirle:
- El remedio más eficaz para curarte, señor, no se encuentra aquí, en
Turquía...
- ¿Qué remedio es ése?
- Una especie de ungüento hecho con manteca de cristiano y unas hierbas
milagrosas que sólo yo conozco... Pero, desgraciadamente, aquí es muy
difícil encontrar un cristiano...
- ¿Y las hierbas?
- Las hierbas, sí, señor...
- Prepara entonces las hierbas y mis médicos te sacarán la manteca a ti
mismo...
El desgraciado galeno estuvo a pique de morir del susto.
- Es que..., señor - dijo tartamudeando, - mi manteca no sirve... Ha de ser
la de un cristiano joven...
En aquel preciso instante entraron unos edecanes a decir al Gran Turco
que unos marineros habían recogido a un náufrago cristiano, que
aseguraba ser el príncipe Andana, hijo del rey Perico y de la reina Mari-
Castaña.
- ¡Ya tenemos el ungüento! - exclamó el sultán, con gran estupefacción de
los recién llegados.
Luego, volviéndose al médico, añadió: - ¡Sácale la manteca y prepárate
para devolverme la vista!
Tambaleándose de espanto, el médico cristiano salió, cubierto de frío
sudor.
Fuése en busca del príncipe Andana, pero con el decidido propósito de no
sacrificarlo y de salvarle la vida. Cuando lo vio, después de saludarlo,
concibió una idea maravillosa y, encaminándose seguidamente a las
habitaciones del Gran Turco pidióle audiencia y le dijo:
- Señor, el esclavo cristiano está tan delgado que no tiene, manteca
ninguna. Si quieres curarte, tienes que alimentarlo bien, darle una buena
habitación y proporcionarle toda clase de distracciones.
La proposición pareció de perlas al sultán, que ordenó que se alojara al
príncipe Andana en la mejor habitación de su palacio, vecina a la de una
esclava circasiana, recién llegada, que era de peregrina hermosura.
Cuando el príncipe hubo tomado posesión de su nueva morada, el médico
fue a visitarle y le refirió lo que ocurría.
- Aunque paséis hambre - añadió - no comáis más que lo estrictamente
necesario. Yo me encargaré de preparar nuestra fuga.
Pero al poco entraron los criados negros llevando enormes bandejas
cargadas de faisanes trufados, gallinas en pepitoria, huevos hilados, frutas
en inmensa variedad, helados, licores... Y el príncipe, sin acordarse de la
recomendación del médico, se atracó de lo lindo.
Para reposar del pantagruélico banquete sacó una butaca al balcón y vio a
la circasiana.
Toda la tarde se la pasó hablando con su vecina y se enamoró de ella
enajenadamente.
Las comidas abundantísimas y las conversaciones con la circasiana se
repitieron durante algunas semanas, con lo que el príncipe engordó
extraordinariamente.
Un día entró el médico a visitarle y le dijo que había dado palabra al Gran
Turco de hacerle el ungüento al día siguiente, pero que no tuviese miedo,
pues aquella misma tarde, al anochecer, se fugarían en un barco que tenía
preparado.
El príncipe respondió que habían de llevarse también a la circasiana, pues
estaba dispuesto a casarse con ella, cosa a la que accedió el doctor.
Cuentos de hadas españoles Anónimo
31Despidióse el buen galeno, diciendo que pasaría la tarde con el sultán,
para que no sospechara nada, contándole el modo de confeccionar y
aplicar la milagrosa untura.
Llegó la tarde y cuando el sol empezó a ocultarse hacia Poniente, el médico
se dirigió apresuradamente al puerto, encontrándose con la desagradable
sorpresa de que el barco no era más que un puntito insignificante en el
horizonte.
El príncipe, tan pronto como había puesto los pies en el barco se había
olvidado de su amigo.
El médico empezó a dar gritos, llamando al príncipe y a la circasiana, pero
sólo consiguió enronquecer. El barco no tardó en desaparecer de su vista.
Ya estaba bien entrada la noche cuando un edecán entró en la suntuosa
alcoba del sultán, para dar a su señor la noticia de la fuga del médico, del
príncipe y de la esclava circasiana.
- ¡Maldito! - exclamó el feroz monarca. - ¿Cómo los has dejado escapar?
- Pero, señor, si yo no los he visto huir...
- ¿Cómo sabes, entonces, que se han escapado? - clamó el sultán.
- Porque un marinero los vio, y vino a traerme la noticia, pero yo estaba
acostado y mientras me vestía...
- ¡Oh, oh, oh! ¡Te costará la cabeza haberte acostado tan a destiempo!
¡Guardias! ¡Guardias!
El edecán, al verse en peligro, desenvainó su alfanje y de un solo tajo
rebanó la cabeza del tirano.
Cuando entraron los guardias vieron el cadáver del sultán y en vez de
abalanzarse sobre su asesino prorrumpieron en gritos de júbilo, saliendo
enseguida a dar la gratísima noticia al gran visir, que hizo salir por toda
Constantinopla la banda de trompetas, con un heraldo al frente, para
hacer pública la muerte del Gran Turco.
El pueblo, al enterarse de que la causa de la muerte de su tirano había
sido indirectamente el médico cristiano, formó una gran manifestación de
alegría, dando vivas al médico y al príncipe.
Un marinero llevó a palacio la noticia de que el barco en que se habían
fugado Andana y la circasiana había embarrancado cerca de la costa.
Inmediatamente dio el heraldo la noticia al pueblo, formándose otra
manifestación, con dos carros triunfales para recoger a los náufragos y
pasearlos por las calles y plazas de la ciudad.
Cuando llegaron al barco se enteraron de que el médico no había huido
con ellos, en vista de lo cual fueron a su casa y derribaron las puertas de
la habitación.
El pobre médico, oyendo el tumulto, se hincó de rodillas y encomendó su
alma a Dios, suplicándole que le concediera una muerte rápida y sin
sufrimientos. Cuál no sería su alegría cuando vio entrar al príncipe y a la
circasiana, seguidos de los más altos dignatarios de la corte, que daban
vivas y más vivas al médico y al príncipe.
En triunfal procesión fueron conducidos todos a palacio, donde el nuevo
gobierno les obsequió con un suculento banquete y luego les regaló un
barco cargado de oro.
Embarcaron acto seguido nuestros héroes, llegando al cabo de pocas
semanas al país del príncipe.
El rey Perico y la reina Mari-Castaña organizaron grandes fiestas para
presentar la nueva princesa a la corte y poco más tarde se casaron Andana
y la hermosa circasiana. Esta ayudó en lo sucesivo a su desmemoriado
esposo a recordar todo lo que olvidaba.
En cuanto al médico, recibió un magnífico empleo en palacio y todos
vivieron felices hasta que se murieron.
Y colorín colorado...
Hace mucho, mucho tiempo existió un reino el nombre del cual era muy singular por eso es muy fácil acordarse de él, se llamaba Bello corazón y como en todos los reinos habian unos reyes los cuales eran muy queridos por sus súbditos, tanto que nadie tenía ninguna queja de ellos pues eran humildes y sencillos para con su pueblo. Al poco tiempo de su matrimonio tuvieron una niña a la que llamaron Rosalinda, un nombre germánico que significa gloriosa por su dulzura. Estaban radiantes por el nacimiento de su niña pero aquel bebé que nació hermoso con cabellos rubios como el sol y ojos grandes y azules como el cielo por muy extraño que parezca se convirtió en el hazme reir de todo príncipe que iba a visitarla.
Aquella princesa de gran belleza sin saber por qué razón se transformó en algo horrible a los ojos de todo pretendiente. Su boca estaba torcida, sus ojos se veian pequeños y caídos, su nariz era grande y deformada pero aquella verruga que tenía en la mejilla aún la afeaba mucho más. Pero no todo en ella era fealdad pues poseía una voz muy hermosa, era tal la hermosura y dulzura de su voz que los príncipes al escucharla sentían una gran ternura y emoción.
Rosalinda solía cubrir su rostro para que antes pudieran escucharla pero cuando le pedian que se destapase para observar de dónde provenía aquella dulce voz se quedaban de piedra y se burlaban de la pobre princesa, cosa que le rompía el corazón.
Los padres de Rosalinda estaban muy apenados ante la infelicidad de su hija, la querían demasiado para verla tan llena de tristeza y melancolía, hacían todo cuanto podían para contemplar una pequeña sonrisa en aquella cara que por algún extraño misterio se había deformado. Pero un día llegaron de otro país unos reyes con su hijo el cual no podía ver, pues nació ciego, tan sólo iban de paso pero por cortesía tuvieron que hacer una visita a los padres de Rosalinda. Mientras se conocían entre ellos el príncipe cuyo nombre era Aldemar y significa insigne y noble esperaba en el jardín porque se sentía muy mal delante de gente desconocida. Cuando Aldemar estaba sumido en sus pensamientos, escuchando el leve trinar de los pájaros se percató de que alguien se sentaba a su lado, era Rosalinda que, a pesar de sus temores, curiosa por saber quien era aquel desconocido, se sentó timidamente a su lado y como siempre con el rostro cubierto por un velo. Aldemar algo receloso preguntó quién era, Rosalinda le respondió que era la princesa de aquel reino y también con algo de temor le preguntó si no había oído hablar de ella, ante tal pregunta Aldemar le respondió con sinceridad que no solía acudir a festejos y que tampoco se relacionaba con mucha gente, pues estaba seguro que ninguna princesa se fijaría en él. A Rosalinda aquello le extrañó, pues era un príncipe muy apuesto, pero en ese momento se percató de que la mírada de Aldemar se mantenía fija y no miraba a ningún sitio dándose cuenta de su ceguera, ante aquel descubrimiento se destapó el rostro y habló con él durante largo rato y mientras mas se hablaban mas se gustaban.
Aldemar quedó hechizado ante aquella voz tan dulce, jamás había escuchado una voz tan agradable y bella. En tan sólo unos momentos se hicieron grandes amigos, para Aldemar aquella princesa era la más hermosa, aún sin saber cómo era su rostro, pues él la encontró en su corazón. El príncipe pidió a sus padres pasar algo más de tiempo en aquel reino a lo que accedieron gustosos al ver a su hijo tan feliz. Así día a día entre Aldemar y Rosalinda creció algo muy bonito, en sus corazones rebosaba un gran amor pero ninguno tenía el valor suficiente para declararse su querer. Pero un día llegó a los oidos de Aldemar que Rosalinda era un ser horrible a lo que no daba crédito, pues para él era la mujer más bella y por mucho que le contaron no creyó a nadie. Rosalinda asustada porque lo descubriese le contó la verdad y le pidió que le tocase el rostro para demostrárselo, aunque aquello significase el rechazo de su amado.
Estaban sentados en la fuente del jardín donde se conocieron cuando Aldemar sin dilación empezó a tocar la cara de la princesa aunque él no necesitaba ninguna prueba de aquello porque para él ya era hermosa, pero ante la insistencia de Rosalinda empezó tocándole los ojos, los que por algún extraño motivo empezaron a adquirir bonita forma abriéndose como dos grandes estrellas y resaltando el azul de su color, entonces bajó hasta la nariz la que se transformaba por segundos en una nariz perfecta, rozó su boca y sus labios en un instante se volvieron bellos, carnosos y rojos y cuando tocó aquella horrible verruga desapareció.
Rosalinda notó que había ocurrido algo y sin pensarlo se miró en la fuente y contempló un rostro increíblemente hermoso y perfecto, llena de felicidad abrazó a su príncipe y le dijo cuanto le quería, el cual le pidió en matrimonio, después corrió hacia el castillo en busca de sus padres y estos al verla se quedaron sin palabras. No se explicaban el motivo de aquel nuevo cambio, se hacian miles de preguntas sin llegar a ninguna conclusión pero ante aquel feliz acontecimiento dejaron de pensar en cómo había sucedido aquel milagro y decidieron celebrar la boda de sus hijos a la cual fueron invitados todos los príncipes que se burlaron de Rosalinda y los cuales ahora sentían envidia de Aldemar. Pero en el festejo de la boda para sorpresa de todos una mujer salió de entre la multitud dando alaridos como una histérica, los invitados asustados por tal espectáculo se apartaron dejando a la mujer en un círculo rodeada por ellos, de pronto vieron cómo aquella mujer se transformaba en un ser horrible y furiosa gritaba que el culpable de su desgracia era Aldemar al enamorarse de Rosalinda. Aquella bruja cuando nació Rosalinda supo que sería la más hermosa de las mujeres y por envidia la hechizó para seguir siendo ella la más bella ante los ojos de todo hombre. Pero aquel hechizo se había invertido y ahora era ella la que se convirtió en una mujer de gran fealdad. Después de aquello nunca más se supo de aquella mujer y Aldemar y Rosalinda fueron felices gracias a que el príncipe miró a la princesa con los ojos del corazón... pero ¿y Aldemar nunca vería a su princesa?, eso ya es otra historia.
Aquella princesa de gran belleza sin saber por qué razón se transformó en algo horrible a los ojos de todo pretendiente. Su boca estaba torcida, sus ojos se veian pequeños y caídos, su nariz era grande y deformada pero aquella verruga que tenía en la mejilla aún la afeaba mucho más. Pero no todo en ella era fealdad pues poseía una voz muy hermosa, era tal la hermosura y dulzura de su voz que los príncipes al escucharla sentían una gran ternura y emoción.
Rosalinda solía cubrir su rostro para que antes pudieran escucharla pero cuando le pedian que se destapase para observar de dónde provenía aquella dulce voz se quedaban de piedra y se burlaban de la pobre princesa, cosa que le rompía el corazón.
Los padres de Rosalinda estaban muy apenados ante la infelicidad de su hija, la querían demasiado para verla tan llena de tristeza y melancolía, hacían todo cuanto podían para contemplar una pequeña sonrisa en aquella cara que por algún extraño misterio se había deformado. Pero un día llegaron de otro país unos reyes con su hijo el cual no podía ver, pues nació ciego, tan sólo iban de paso pero por cortesía tuvieron que hacer una visita a los padres de Rosalinda. Mientras se conocían entre ellos el príncipe cuyo nombre era Aldemar y significa insigne y noble esperaba en el jardín porque se sentía muy mal delante de gente desconocida. Cuando Aldemar estaba sumido en sus pensamientos, escuchando el leve trinar de los pájaros se percató de que alguien se sentaba a su lado, era Rosalinda que, a pesar de sus temores, curiosa por saber quien era aquel desconocido, se sentó timidamente a su lado y como siempre con el rostro cubierto por un velo. Aldemar algo receloso preguntó quién era, Rosalinda le respondió que era la princesa de aquel reino y también con algo de temor le preguntó si no había oído hablar de ella, ante tal pregunta Aldemar le respondió con sinceridad que no solía acudir a festejos y que tampoco se relacionaba con mucha gente, pues estaba seguro que ninguna princesa se fijaría en él. A Rosalinda aquello le extrañó, pues era un príncipe muy apuesto, pero en ese momento se percató de que la mírada de Aldemar se mantenía fija y no miraba a ningún sitio dándose cuenta de su ceguera, ante aquel descubrimiento se destapó el rostro y habló con él durante largo rato y mientras mas se hablaban mas se gustaban.
Aldemar quedó hechizado ante aquella voz tan dulce, jamás había escuchado una voz tan agradable y bella. En tan sólo unos momentos se hicieron grandes amigos, para Aldemar aquella princesa era la más hermosa, aún sin saber cómo era su rostro, pues él la encontró en su corazón. El príncipe pidió a sus padres pasar algo más de tiempo en aquel reino a lo que accedieron gustosos al ver a su hijo tan feliz. Así día a día entre Aldemar y Rosalinda creció algo muy bonito, en sus corazones rebosaba un gran amor pero ninguno tenía el valor suficiente para declararse su querer. Pero un día llegó a los oidos de Aldemar que Rosalinda era un ser horrible a lo que no daba crédito, pues para él era la mujer más bella y por mucho que le contaron no creyó a nadie. Rosalinda asustada porque lo descubriese le contó la verdad y le pidió que le tocase el rostro para demostrárselo, aunque aquello significase el rechazo de su amado.
Estaban sentados en la fuente del jardín donde se conocieron cuando Aldemar sin dilación empezó a tocar la cara de la princesa aunque él no necesitaba ninguna prueba de aquello porque para él ya era hermosa, pero ante la insistencia de Rosalinda empezó tocándole los ojos, los que por algún extraño motivo empezaron a adquirir bonita forma abriéndose como dos grandes estrellas y resaltando el azul de su color, entonces bajó hasta la nariz la que se transformaba por segundos en una nariz perfecta, rozó su boca y sus labios en un instante se volvieron bellos, carnosos y rojos y cuando tocó aquella horrible verruga desapareció.
Rosalinda notó que había ocurrido algo y sin pensarlo se miró en la fuente y contempló un rostro increíblemente hermoso y perfecto, llena de felicidad abrazó a su príncipe y le dijo cuanto le quería, el cual le pidió en matrimonio, después corrió hacia el castillo en busca de sus padres y estos al verla se quedaron sin palabras. No se explicaban el motivo de aquel nuevo cambio, se hacian miles de preguntas sin llegar a ninguna conclusión pero ante aquel feliz acontecimiento dejaron de pensar en cómo había sucedido aquel milagro y decidieron celebrar la boda de sus hijos a la cual fueron invitados todos los príncipes que se burlaron de Rosalinda y los cuales ahora sentían envidia de Aldemar. Pero en el festejo de la boda para sorpresa de todos una mujer salió de entre la multitud dando alaridos como una histérica, los invitados asustados por tal espectáculo se apartaron dejando a la mujer en un círculo rodeada por ellos, de pronto vieron cómo aquella mujer se transformaba en un ser horrible y furiosa gritaba que el culpable de su desgracia era Aldemar al enamorarse de Rosalinda. Aquella bruja cuando nació Rosalinda supo que sería la más hermosa de las mujeres y por envidia la hechizó para seguir siendo ella la más bella ante los ojos de todo hombre. Pero aquel hechizo se había invertido y ahora era ella la que se convirtió en una mujer de gran fealdad. Después de aquello nunca más se supo de aquella mujer y Aldemar y Rosalinda fueron felices gracias a que el príncipe miró a la princesa con los ojos del corazón... pero ¿y Aldemar nunca vería a su princesa?, eso ya es otra historia.
Te escribo esta carta
con niebla en los ojos
y con el carmín
de mis labios rojos.
Pétalos de rosadas rosas
aromarán la brisa
para que al leerla
contagien tu risa…
Te llevan recuerdos
de aquellos momentos
y reviven por siempre
nuestro amor de cuentos.
Aún recorro las calles
que juntos caminamos,
no cantan los pájaros
ni siento tus manos.
De una tristeza eterna
se llenan mis días
con inusitada nostalgia,
hoy miro la vida.
Camino esas calles,
las que tanto amamos
y en silencio escucho
el clamor de los álamos.
La luna redonda
en el cielo me acompaña
y deja en el suelo
monedas plateadas.
Policromía de las montañas
en el camino polvoriento,
me traen tus silencios
y el canto del viento.
El sol pálido se esconde
en los rumorosos pinos,
alguna vez escuchamos juntos,
en este cielo, el mismo sonido.
No sé si esta carta ingenua
llegará alguna vez a destino
y sabrás lo que aún siento
en la soledad de mi camino.
Me llamo Ratón Pérez.
Siempre disfruto con todo lo que os cuento, pero hoy voy a entrevistar a un amigo del que estoy muy orgullosa y eso me alegra aún más. Tiene una casa de campo por aquí cerquita a la que viene con su familia cuando puede ya que siempre tiene mucho trabajo. Es pequeño y peludo, con un rabo largo y grandes orejas, como su corazón. Es muy educado y le gusta ir bien arreglado, siempre con su sombrero de paja y sus lentes doradas. Cuando por la noche va a trabajar no se olvida de su cartera roja que se coloca a su espalda. Voy a charlar con él y a preguntarle para averiguar quién se lleva los dientes que se os caen.
- Querido amigo, ¿cuál es tu nombre?
- Me llamo Ratón Pérez. Quizás mi nombre de pila no es muy original pero así me pusieron y a mí me gusta, así no hay dudas de quién soy.
- ¿Podrías explicarle a los niños y niñas cuál es tu trabajo?
- Claro que sí, aunque creo que la mayoría lo saben muy bien. Me dedico a recoger los dientes que ponen debajo de su almohada cuando se les cae y a cambio yo les dejo una moneda o un pequeño regalo.
- ¿Desde cuándo vienes realizando este trabajo? Pues no lo recuerdo, pero hace muchísimo tiempo, lo que sí te puedo decir Pantapa es que fue en España, en 1894 cuando se recogió mi historia en un cuento por primera vez.
- ¿Quieres decir que sólo realizas tu trabajo en ese país?
- Bueno no en toda España, tengo colaboradores en algunas sitios. También hago la recogida en casi toda Hispanoamérica, en Francia donde me llaman Ratoncito y en una zona de Italia donde me conocen con el nombre de Topolino. Intenté realizarlo en otros lugares de Europa pero no me fue bien.
- ¿Podrías explicarte un poco más? Seguro que los niños sienten tanta curiosidad como yo por saber qué te pasó.
- Ya me habían advertido de lo curioso que eres, pero eso está bien cuando se trata de averiguar más datos sobre algún tema.
Tenía muchas ganas de conocer Inglaterra, así que una noche me fui para allá. Cuando recibí la noticia de que una niña se le había caído un diente me dirigí a su casa. Cuando llegué allí y entré en su habitación me encontré con alguien que me esperaba y que no estaba dispuesta a que me saliera con la mía y me llevara el dientecito. Nada más y nada menos que un hada que estaba enfurecida. Intenté que se calmara porque estaba dispuesta a convertirme en una mosca. Cuando conseguí que me escuchara y le expliqué quién era, nos hicimos amigos y decidimos que sería mejor que ella se quedara por aquellos lugares pues estaba acostumbrada al clima y tenía familia allí. Y de esa manera el hada de los dientes que así es como se llama recoge los dientes de los niños de aquel país y de otros de habla anglosajona, porque la verdad yo no estudié inglés y si surgiera algún contratiempo no podría comunicarme. Con el hada no tuve problemas porque ella tiene el poder de comprender todos los idiomas del mundo.
Entonces amigo Ratón, ¿hay otros personajes en otros lugares que también recogen los dientes?
- Claro, ten en cuenta que es un trabajo muy laborioso y que hay muchísimos niños. Mira te cuento: en España hay en Cataluña el Ángel de los dientes y claro es un angelito. En Cantabria es La ardilla de los dientes y en el País Vasco Maritxu la del tejado, que es una mariquita.
- Querido amigo y, ¿sabes por qué te ofrecieron a ti como ratón ese trabajo? Pues es un mito muy antiguo que viene de algunos países asiáticos. En ellos cuando el niño perdía un diente lo tiraba al tejado y mientras lo hacía debía desear que le creciera otro como a los ratones, porque no sé si sabes que a nosotros nos crecen durante toda nuestra vida. Por eso confiaron en mí.
- ¡Qué curioso! Ahora comprendo.
- Me dijiste antes que en España se escribió por primera vez un cuento contigo de protagonista, ¿podrías contarme más sobre ello?
- Claro no faltaría más. El escritor fue Luís Coloma. El cuento fue un encargo de la reina de entonces María Cristina, esposa del rey Alfonso XII, para su hijo, el pequeño Alfonso XIII que contaba con 8 años y que acababa de perder un diente. En el cuento además del ratón, el protagonista es el pequeño Rey Buby I. Este nombre lo utilizó el Padre Coloma porque la reina llamaba en la intimidad a su hijo Bubí.¿Y nos puede decir qué sucede en el cuento?
- Vale os haré un resumen.
El pequeño rey Buby I guardó debajo de su almohada un diente que se le había caído y esperaba ansioso que yo, o lo que es lo mismo el Ratón Pérez acudiera a recogerlo, al final se quedo dormido y se despertó cuando sintió un roce muy suave. El pequeño rey me convenció y lo lleve a que conociera mi casa y a mi familia. Después quiso acompañarme a recoger el diente de un niño que vivía en una buhardilla. Para eso tuve que transformarlo en ratón. Le introduje mi rabo en la nariz y con la fuerza del estornudo se convirtió en un ratón adorable y de esa guisa hicimos el recorrido. Cuando llegamos a la buhardilla, después de pasar por diversas aventuras, el pequeño rey descubrió la pobreza en la que vivía este niño. Le dejé una moneda y Buby lo que llevaba encima, que al ser niño era poquito pero que al pequeño de la buhardilla le llenó de alegría pues ayudaría con eso a su mamá.Cuando le llevé de regreso al palacio, lo dejé durmiendo ya convertido de nuevo en niño. Por la mañana descubrió su regalo y se sintió muy feliz pero no olvidó nunca que había en su reino niños que eran pobres y pasaban hambre y por ello se dedicó a remediar el problema pues había comprendido que todos somos iguales.
- ¡Qué cuento tan bonito! Me gustaría leerlo.
- Pues además de leerlo puedes visitar un museo que me han puesto en la Comunidad de Madrid. Allí puedes ver mi casa, descubrir cómo es mi familia, los otros personajes del cuento y muchas más cosas que te harán pasar un rato muy agradable y estoy seguro de que a los niños y niñas les encantará. Me han regalado también una placa y una escultura a mi tamaño real. La verdad es que me siento muy feliz de que mi trabajo y mis historias sean tan valorados y las puedan disfrutar todos.¡Vaya qué tarde es! Tengo que irme Pantapa, en breve he de comenzar a trabajar. Ha sido todo un honor que me hayas entrevistado y espero que a los pequeños lectores les haya gustado. Adios.
-Adiós querido amigo y buen viaje, hasta la próxima.
martes, 15 de noviembre de 2016
El plato de madera
El viejo se fue a vivir con su hijo, su nuera y su nieto de cuatro años. Ya las manos le temblaban, su vista se nublaba y sus pasos flaqueaban.
La familia completa comía junta en la mesa, pero las manos temblorosas y la vista enferma del anciano hacían el alimentarse un asunto difícil.
Los guisantes caían de su cuchara al suelo y cuando intentaba tomar el vaso, derramaba la leche sobre el mantel. hijo y su esposa se cansaron de la situación. "Tenemos que hacer algo con el abuelo", dijo el hijo. "Ya he tenido suficiente". "Derrama la leche hace ruido al comer y tira la comida al suelo".
Así fue como el matrimonio decidió poner una pequeña mesa en una esquina del comedor. Ahí, el abuelo comía solo mientras el resto de la familia disfrutaba la hora de comer. Como el abuelo había roto uno o dos platos su comida se la servían en un plato de madera.
De vez en cuando miraban hacia donde estaba el abuelo y podían ver una lágrima en sus ojos mientras estaba ahí sentado solo. Sin embargo, las únicas palabras que la pareja le dirigía, eran fríos llamados de atención cada vez que dejaba caer el tenedor o la comida.
El niño de cuatro años observaba todo en silencio. Una tarde antes de la cena, el papá observó que su hijo estaba jugando con trozos de madera en el suelo. Le pregunto dulcemente: "¿Que estás haciendo?"
Con la misma dulzura el niño le contestó: "Ah, estoy haciendo un tazón para ti y otro para mamá para que cuando yo crezca, ustedes coman en ellos."
Sonrió y siguió con su tarea. Las palabras del pequeño golpearon a sus padres de tal forma que quedaron sin habla.
Las lágrimas rodaban por sus mejillas. Y, aunque ninguna palabra se dijo al respecto, ambos sabían lo que tenían que hacer.
Esa tarde el esposo tomo gentilmente la mano del abuelo y lo guió de vuelta a la mesa de la familia. Por el resto de sus días ocupo un lugar en la mesa con ellos. Y por alguna razón, ni el esposo ni la esposa parecían molestarse mas, cada vez que el tenedor se caía, la leche se derramaba o se ensuciaba el mantel.
Los niños son altamente perceptivos. Sus ojos observan, sus oídos siempre escuchan y sus mentes procesan los mensajes que absorben. Si ven que con paciencia proveemos un hogar feliz para todos los miembros de la familia, ellos imitaran esa actitud por el resto de sus vidas.
Los padres y madres inteligentes se percatan que cada día colocan los bloques con los que construyen el futuro de su hijo. Seamos constructores sabios y modelos a seguir.
He aprendido que puedes decir mucho de una persona por la forma en que maneja tres cosas: un día lluvioso, equipaje perdido y luces del arbolito enredadas.
He aprendido que independientemente de la relación que tengas con tus padres, los vas a extrañar cuando ya no estén contigo.
He aprendido que aun cuando me duela, no debo estar solo.
He aprendido que aun tengo mucho que aprender y que debes pasar esto a todos los que te importan.
Yo acabo de hacerlo.
La gente olvidará lo que dijiste y lo que hiciste, pero nunca como los hiciste sentir. No olvidemos nunca de donde venimos ni a donde vamos, Dios no hace acepciones de persona, el hace llover sobre buenos y malos, hace salir un sol sobre buenos y malos, por lo tanto valorémonos unos a otros no importando nuestras condiciones, social, económica, física y mental sino mirándonos siempre con ojos de misericordia y amor, respetándonos unos a otros.
La brisa de la noche era tibia...Como una caricia sobre su suave y mágica piel de hada...Con sus hermosos ojos observaba una rosa bajo los rayos de la luna mientras reposaba entre sus pequeñas manos...Vertió sobre ella ese extraño polvo mágico que hace que la rosa se convierta en una joya y la coloca entre sus cabellos...Vuela hasta el lago y se observa en sus plácidas aguas transformadas en un gran espejo que fulgurante le muestra su hermosura...Sonríe feliz lo que provoca un hermoso sonido de cascabeles...Y vuela al encuentro de su amado que ansioso espera por ella en esa mágica noche...Porque la magia siempre sucede entre oscuras sombrasEra una noche mas en el bosque mágico...Una noche en que toda la magia se desataba sobre cada ser que en el habitaba...Una hermosa hada se hallaba sentada sobre una vieja piedra con el ceño un tanto fruncido dándole a su rostro una gracia especial...Ella era muy curiosa...Siempre buscando lugares secretos...Ocultos aún para los ojos de los seres mágicos...Todos los días o mejor dicho las noches eran una aventura para la pequeña y hermosa hada...Y en ese momento pensaba hacia donde la llevarían sus alitas...Alzó vuelo decidida a tener una nueva aventura y voló disfrutando la cálida brisa que acariciaba su piel de hada...Todo luciría muy oscuro si nO fuera que la luna aquella noche se lucía en todo su esplendor dándole a todo el bosque un tono azulado...Haciendo brillar con mas fulgor los colores de las flores que al contrario de lo que todos piensan los seres del bosque saben que bajo el manto de la noche se ven los verdaderos colores de la naturaleza...Mas aún en un bosque encantado...Mientras volaba sus ojos buscaban nuevos horizontes...O sea...Lugares nuevos...Y en eso estaba cuando descubrió una gran cueva cubierta de verde hiedra...
Soy luna..Llevo muchos años viviendo sobre la faz de la tierra y miles mas viviendo en las tinieblas eternas...Soy un alma solitaria y creo que seguire asi hasta el fin de mis tiempos....Me gusta alimentarme al despertar...Y nunca me alimento de la sangre de los animales,...No hay nada que me sacie mas que la sangre de los humanos...La noche es parte de mi esencia...Su oscuridad es mi complice... Y la luna es mi amada eterna... Uno de mis placeres son los libros y la observacion nocturna...Se que tal vez no lo creas...Pero soy la madre y reina de los vampiros...Si es que aún quedan de ellos sobre la faz de la tierra...Puedes seguir tu camino o detenerte ante mi...Y caminar a mi lado...Seras aceptado solo si crees en la magia...Si es así...Sigue mis pasos...En este mundo que ante ti se abre...Soy luna...Desde las mas profundas tinieblas(
Soy luna..Llevo muchos años viviendo sobre la faz de la tierra y miles mas viviendo en las tinieblas eternas...Soy un alma solitaria y creo que seguire asi hasta el fin de mis tiempos....Me gusta alimentarme al despertar...Y nunca me alimento de la sangre de los animales,...No hay nada que me sacie mas que la sangre de los humanos...La noche es parte de mi esencia...Su oscuridad es mi complice... Y la luna es mi amada eterna... Uno de mis placeres son los libros y la observacion nocturna...Se que tal vez no lo creas...Pero soy la madre y reina de los vampiros...Si es que aún quedan de ellos sobre la faz de la tierra...Puedes seguir tu camino o detenerte ante mi...Y caminar a mi lado...Seras aceptado solo si crees en la magia...Si es así...Sigue mis pasos...En este mundo que ante ti se abre...Soy luna...Desde las mas profundas tinieblas(
Te invito a permanecer a mi lado ...
sin incitarte a que firmes un contrato para siempre.
Te invito a que me acompañes
en mi viaje de sueños......
sin que sientas obligación de soñarlos conmigo.
te invito a mirar el sol en un atardecer....
sin tener que sentir el mismo éxtasis que yo.
te invito a levantar los ojos al cielo
para agradecer a Dios sus bendiciones......
sin que esto te involucre a tener el mismo credo.
te invito a correr de mi mano por el parque .
sin pretender que te mojes con el mismo rocío.
te invito a remar cuesta arriba en el río de la vida......
sin exigirte que tomes un remo para ayudarme,
te invito a la función diaria del Circo de esta vida......
sin implicar que esto te cause gracia,
te invito a mi corazón esperanzado de cambiar el mundo......
¡eres muy importante para mi !.
Te invito a que me oigas dar gracias a Dios,
por haber enviado a su Hijo al mundo a morir por nosotros
sin que esto te obligue a juntar tus manos y orar.
Te invito a sonreirles a los niños sin hogar,
a los discapacitados, a besarlos y amarlos..
sin que te sientas en la obligación de darles
una limosna de tu tiempo y de tu dinero.
te invito a desplegar las alas de la fantasía.....
sin que ello te obligue a volar en mi misma dirección.
te invito a cantar una canción......
Sin que esto te obligue a aprenderte la letra
Te invito a entrar en mi corazón..
Sin que sientas presión a quedarte a vivir en él.
Te invito a mirar juntos el futuro con esperanza......
Sin pretender con ello que tengas mis objetivos.
Te invito a entrar en mi memoria y recorras mi pasado.....
Sin que necesariamente me cuestiones
¿por qué no estoy ahí?
Te invito a que leas mis poemas de amor.....
Sin que debas darme una opinión sobre ellos.
Te invito a que seamos uno, pero en dos cuerpos.....
Sin usurparnos y sin asfixiarnos....
¡¡Sólo queriéndonos y respetándonos!!
sin incitarte a que firmes un contrato para siempre.
Te invito a que me acompañes
en mi viaje de sueños......
sin que sientas obligación de soñarlos conmigo.
te invito a mirar el sol en un atardecer....
sin tener que sentir el mismo éxtasis que yo.
te invito a levantar los ojos al cielo
para agradecer a Dios sus bendiciones......
sin que esto te involucre a tener el mismo credo.
te invito a correr de mi mano por el parque .
sin pretender que te mojes con el mismo rocío.
te invito a remar cuesta arriba en el río de la vida......
sin exigirte que tomes un remo para ayudarme,
te invito a la función diaria del Circo de esta vida......
sin implicar que esto te cause gracia,
te invito a mi corazón esperanzado de cambiar el mundo......
¡eres muy importante para mi !.
Te invito a que me oigas dar gracias a Dios,
por haber enviado a su Hijo al mundo a morir por nosotros
sin que esto te obligue a juntar tus manos y orar.
Te invito a sonreirles a los niños sin hogar,
a los discapacitados, a besarlos y amarlos..
sin que te sientas en la obligación de darles
una limosna de tu tiempo y de tu dinero.
te invito a desplegar las alas de la fantasía.....
sin que ello te obligue a volar en mi misma dirección.
te invito a cantar una canción......
Sin que esto te obligue a aprenderte la letra
Te invito a entrar en mi corazón..
Sin que sientas presión a quedarte a vivir en él.
Te invito a mirar juntos el futuro con esperanza......
Sin pretender con ello que tengas mis objetivos.
Te invito a entrar en mi memoria y recorras mi pasado.....
Sin que necesariamente me cuestiones
¿por qué no estoy ahí?
Te invito a que leas mis poemas de amor.....
Sin que debas darme una opinión sobre ellos.
Te invito a que seamos uno, pero en dos cuerpos.....
Sin usurparnos y sin asfixiarnos....
¡¡Sólo queriéndonos y respetándonos!!
TE LLEVARE
No me pidas la Luna, porque no te la traere
No me pidas musica, porque no te la tocare
No me pidas el cielo, porque nuestro no es
No me pidas que te mienta, no lo se hacer.
Pero a la Luna, si te dejas, un dia te llevare
y ahi escucharas la musica, que te creare
De techo tendras ese cielo, que nuestro no es
y escucharas un texto, donde todo te dire.
Amiga no te quedes en la Tierra, arriesgate
pues naciste para ser querida... y tu querer
Soñar es el principio, para luego poder creer
en cosas que pensamos, que no pueden ser.
No me pidas que te mienta, no lo se hacer
Pideme que te quiera, que eso se me da bien
No me pidas la Luna, porque no te la traere
pero a la Luna, si te dejas, un dia te llevare.DUELO
Noche de duelo, entre hombre y mujer
noche tensa, en que alguien va a perder
Las armas dispuestas, en uno y otro ser
Armas de hombre, contra las de mujer.
El hombre ataca, con un dialogo cortes
y ella responde, con una sonrisa a la vez
Siguen halagos de El, y de Ella tambien
y las miradas van, de la cabeza a los pies
Van por calle, en direccion a la casa de El
y sus manos se unen, sin saber el porque
Cada uno prepara sus armas del querer
Cada uno espera ganar al otro esta vez.
Noche de duelo, entre hombre y mujer
y en la cama desnudos, tanto Ella como El
Sacando sus armas, para ganar y vencer
con balas de caricias, y de besos esta vez.
Y acaba el duelo, de esta noche de placer
donde ninguno de los dos, ha podido perder
Porque estas son las armas, de Ella y de El
siempre llenas de abrazos, y mucho querer.
SIGUE ANDANDO
Con la cabeza alta, y al cielo mirando
y con paso seguro, ibas tu caminando
Tu Hada Madrina, te iba acompañando
protegiendote y, una sonata cantando:
"No tengas miedo, sigue andando
que estoy aqui, para seguirte animando
soy tu Hada, y seguiras ganando
y tendras todo el mundo, en tus manos"
Y tu seguias, con paso acompasado
meneando tu cuerpo, casi gastado
con ojos abiertos, y corazon cerrado
y buscabas a El, al hombre deseado.
Y hoy sigues igual, que en el pasado
con el corazon cerrado, y sin el "deseado"
Asi que abre ese corazon, esperanzado
y al Hada y a mi, siguenos escuchando:
"No tengas miedo, y sigue andando
y estamos aqui, para seguirte animando
somos tu suerte, y seguiras ganando
y tendras todo el mundo, en tus manos"
Desde la biblioteca, la paciencia observa
desde la oscuridad, la impaciencia espera
Y las horas pasan, sin soluciones ciertas
uniendo a la sabiduria, con la violencia.
Mas pequeña se va quedando la paciencia
Mas grande se va haciendo la violencia
Convirtiendose la violencia en sapiencia
y comprendiendo la paciencia a la violencia
Los desheredados, se unen a la violencia
ya que nada les ha solucionado, la paciencia
Y se oyen gritos, de quien tienen prevendas
reclamando la libertad, que a otros ellos niegan
Y se va pasando, a negar cualquiere ciencia
porque van muriendo gente, por poca paciencia
Nadie los mata, es el hambre y la impotencia
pero no solucionarlo, es lo que crea la violencia
desde la oscuridad, la impaciencia espera
Y las horas pasan, sin soluciones ciertas
uniendo a la sabiduria, con la violencia.
Mas pequeña se va quedando la paciencia
Mas grande se va haciendo la violencia
Convirtiendose la violencia en sapiencia
y comprendiendo la paciencia a la violencia
Los desheredados, se unen a la violencia
ya que nada les ha solucionado, la paciencia
Y se oyen gritos, de quien tienen prevendas
reclamando la libertad, que a otros ellos niegan
Y se va pasando, a negar cualquiere ciencia
porque van muriendo gente, por poca paciencia
Nadie los mata, es el hambre y la impotencia
pero no solucionarlo, es lo que crea la violencia
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